Una tarde de vacío entusiasmo en Manizales


por Carolina Baquero

Un nublada y lluviosa tarde, nos acompañó de nuevo en la Plaza de Toros de Manizales… Y así como apagado fue el clima, fue apagado el festejo.

Debutaba como hierro en plazas de primera, se presentó la ganadería de Rincón Santo. La dehesa antioqueña no tuvo buenos resultados en esta novillada picada en la capital caldense, la presentación del encierro fue aceptable y el juego muy complejo; en su mayoría cortos de recorrido, poca clase y algunos con bastante peligro.

El primer alternante del segundo festejo de la Feria Toros y Ciudad, fue el payanés Guillermo Valencia, quien debutaba con caballos. Aquel niño que vimos en La Santamaría de Bogotá, hoy ya es todo un hombre con las ganas de convertirse en matador de toros, pero pese a ello la suerte no lo acompañó hoy.

Su lote fue complicado y peligroso, con el primero de la tarde bordó unos lindos lances con el capote pero en la muleta se fueron desdibujando cuando el novillo fue quedándose corto y Valencia intentó pero sin norte meterlo en la pañosa. Con el segundo de su lote la situación no fue mejor, por el contrario se le vio al caucano, desconcentrado, desmotivado y tenso ante el astado peligroso y pegajoso. Silencio tras aviso y silencio tras aviso.

La tarde avanzó pero no mejoró, Andrés Bedoya, paisano de esta tierra; salió con alegría pero la falta de experiencia sobresalió al lidiar con dos novillos que le presentaron obstáculos difíciles de sobrepasar si no se tienen claras las herramientas con las cuales se puede dominar ante el toro. Algunas de sus tandas con el primero de su lote emocionaron a los tendidos, que por cierto completaron 3/4 de aforo; pero después de algunos olés, se vino la faena abajo en técnica y emoción.

El manizaleño estuvo decoroso en el quinto de la tarde, al que recibió de rodillas en el tercio, pero nuevamente la falta de recorrido del novillo dio por terminada la faena. Palmas y vuelta.

Manrique Rivera, heredero de profesión de su padre Pepe Manrique, vino a darse a conocer a Colombia; pues es estudiante de la Escuela Taurina del Juli en España. Abrió su presentación con una porta gayola que encendió el ánimo de los asistentes, a lo que él respondió con lances variados pero trompicados. En sus dos faenas de muleta se logró ver la configuración de algunas tandas ligadas, muy pocas y cada vez menos a medida que avanzaban las faenas y los novillos se iban robando los terrenos y distancias, que Manrique no pudo controlar. Petición y palmas.

El cuarto toro de la tarde le correspondió al aspirante a rejoneador, Juan Pablo Vallejo, quien equivocó al público con demostraciones ecuestres; pero poco o nada de toreo. Todas las suertes mal ejecutadas, a toro pasado y atropellando continuamente a los caballos… animales que pagaron las consecuencias de la falta de cuidado de Vallejo. Un espectáculo para olvidar y más todavía una vuelta al ruedo inmerecida, que Vallejo quiso dar sin justificación. Petición de oreja tras un rejón caído y pulmonar.