En Cali… Alzate estuvo a punto de triunfar


por Carolina Baquero

Con una tarde nublada en la Sultana del Valle, se llevó a cabo la tercera novillada del serial Maletilla de Oro, esta vez ya con la presencia de los varilargueros.

La ganadería corrida fue Paispamba, propiedad de Don Kike Alvarez, quien llevó un encierro muy bien presentado; con variadas capas, al igual que su comportamiento. En lineas generales los seis ejemplares fueron nobles y con gran calidad; de temperamentos diferentes y casi en su totalidad mal comprendidos por los diestros del cartel.

Abrió la tarde el rejoneador paisa, Juan Pablo Vallejo, quien a diferencia de otros caballeros en plaza, no logró conectar con el respetable público de Cañaveralejo. La ejecución y colocación de rejones de castigo y banderillas estuvieron fuera de los lineamientos ortodoxos, sin embargo esos dos primeros tercios no fueron el lunar negro… El verdadero problema vino en la suerte suprema, momento en el cual el rejoneador no entró a matar en ni siquiera una oportunidad, por el contrario hizo que quienes sortearan la situación fueran el sobresaliente de espadas y el subalterno Wilson Chaparro, quien oficiaba como puntillero; los dos arriesgaron sus propias vidas sin resultado alguno, sonaron los tres avisos y el buen ejemplar de Paispamba murió sin dignidad pues no tuvo quien peleara de frente a él.

Juan Camilo Alzate, novillero egresado de la Escuela Taurina de Santiago de Cali, regresó a su plaza para demostar el gran avance de su tauromaquia. El joven bogotano confeccionó una faena completa, ligada, templada y muy armoniosa; la serenidad fue su gran aliada… Pero su gran enemiga fue la espada. Vuelta al ruedo fue el reconocimiento a su labor.

En tercer lugar estuvo Nicolas de San Juan… El diestro de San Juan de Rio Seco (Cundinamarca), acusó su falta de experiencia y pasó momentos desagradables por su inseguridad ante el astado. Sus propias palabras afirmaban al final de la faena que el conjunto entre toro y torero había fallado.

Como debutante pudimos ver al ecuatoriano Juan Francisco Almeida, él tampoco tuvo suerte, ni actitud en el ruedo. La faena no tuvo Norte y tornó bastante tediosa para los asistentes a Cañaveralejo; poco que decir de un extrajero que por ahora no deja huella en nuestro país. Tres avisos y silencio.

Andres Valencia, oriundo de la ciudad de Popayán fue quien más conectó con la afición; logró tocar las emociones de los caleños que fuertemente corearon los pases de Valencia. Apesar de su entusiasmo Andrés no comprendió las necesidades del novillo y perdió la ligazón y temple ideal de una faena, a lo dicho se unió la falta de suerte con la espada.

Finalizó el cartel, José Vega de la Escuela de Choachí; un joven que maneja el toreo con calma y delicadeza… Gustó entre los asistentes la limpieza de la mayoría de sus pases en tandas ligadas y con mucho son. No mató bien y eso le robó esa oreja que ya tenía en su chaquetilla.