Bolívar y el poder de su muleta


por Carolina Baquero

Cali nuevamente cerró en el mundo el año taurino con corrida de toros, esta vez con un cartel de toreros colombianos y una ganadería que regresaba después de varios años a Cañaveralejo, Guachicono.

La corrida estuvo muy bien presentada, imponente de astas y láminas elegantes, pero su comportamiento fue irregular, bronco en su mayoría y algunos con malas ideas.

Paco Perlaza tuvo muchas complicaciones con el primero de su lote, un ejemplar manso, bronco e incierto. Paco lo sometió, le intentó encausar una y otra vez, pero el toro no se dejó, tanto que le pegó un fuerte achuchón en el pecho, sin graves consecuencias.

En el cuarto de la tarde pensamos que la historia iba a cambiar porque el imponente toro se arrancó desde el centro del ruedo hasta la cabalgadura de Rafael Torres, quien ejecutó perfectamente la suerte; pero este toro tuvo un cambio drástico en la muleta y terminó rajandose. Perlaza estuvo muy dispuesto ante este toro pero realmente no hubo faena clara.

Con la voluntad de un novillero toreó Luis Bolívar, a un manso que correteó todo el redondel barbeando las tablas y que Bolívar persiguió para arrancarle con calidad los pocos pases que tenía el toro. Toda la lidia fue de unipase, fue en las tablas y casi siempre muy cerca de la puerta de los toriles; Bolívar sacó agua de un pozo seco.

Se dio paso el más imponente de astas de la corrida, en quinto lugar de la tarde, quizás el más manejable de la tarde y el que en medio de su falta de clase, se dejó ejecutar una buena faena de Luis… Buena porque aunque no podía ser la más artística, si tuvo mucho de poder y técnica en su muleta. Oreja.

Ricardo Rivera fue muy valiente y honesto con la afición de Cali, pero su actuación dejó muchos vacíos e interrogantes sobre el tipo de toreo que realmente lo identifica. Con su primero ejecutó algunos buenos pases, que unidos a la emoción que generó su constante cercanía con los pitones del toro; hicieron que la afición pidiera una oreja, que el presidente otorgó. Una oreja que no se debió dar porque le faltó norte y calidad a la lidia.

El año taurino se cerró con el segundo del lote de Rivera, al cual comenzó toreando con gusto pero rápidamente se convirtió en una faena desaliñada, igual a la presencia desencajada del torero que perdió los papeles.