Nueve orejas se cortaron en CARTAGENA, todos a hombros.


por Alberto Lopera

Después de tres años sin toros, 10.000 personas vibraron con una corrida exitosa en lo numérico y rica en contenido. La protagonizaron Luis Bolívar y Sebastián Castella, que dirimieron un tenso mano a mano. Acabó imponiéndose el colombiano, que cortó cuatro orejas, pero el francés jamás volvió la cara. Completaba el cartel el rejoneador Andrés Chica, que abrió plaza con una interesante faena y la cerró con otra labor de relieve. Cortó dos orejas. Se lidiaron toros de El Capiro de Sonsón, de juego variado.
Luis Bolívar supo aprovechar la buena condición del tercero, que tuvo nobleza y calidad. El colombiano alternó pasajes de toreo profundo sobre ambos pitones con bellos e inspirados adornos. Tras una faena completa y variada, se pidió el indulto para el toro. Cobró una buena estocada y cortó dos orejas, aunque el toro demoró en caer. El astado fue premiado con la vuelta al ruedo.
Comenzó de rodillas su faena al quinto de la tarde, que había herido al banderillero José Valencia de una cornada en el ano que sube hasta el intestino. El colombiano firmó una faena valiente con un toro que transmitió pero que tuvo poca entrega y llegó a ser volteado en los compases finales. Metió la espada al segundo intento y paseó las dos orejas. Brindó su faena al séptimo a El Gino, organizador de la corrida. Fue un trasteo entonado y dispuesto, con un toro de menos opciones que los dos anteriores y que acabó rajándose.
Sebastián Castella hizo un esfuerzo con el segundo de la tarde, un toro complicado y a la defensiva, al que toreó con firmeza y disposición. Dejó algunos muletazos que, además de mucho mérito, tuvieron temple y largura. Su tesón fue recompensado y cortó una oreja. Consiguió meter en la muleta al segundo de su lote, que tuvo poco recorrido. El francés logró pasajes de mucho mérito en un trasteo serio. Cortó una oreja.
El sexto, que brindó al público, fue un toro manso al que Castella supo sostener. Lo hizo a base de dejarle la muleta en la cara y de ligarle los muletazos con mucha habilidad y temple. De ese modo logró el francés muletazos de alta nota, antes de que el toro se viniera definitivamente a menos. Cortó una oreja.