Grandeza de P. Hermoso con toro de Indulto


por Carolina Baquero

En Manizales se lidiaron cuatro toros de Vistahermosa de presentación algo irregular pues estaban muy pobres de cabeza y su comportamiento fue soso, descastado y muy poco toreables; junto a ellos se lidiaron dos ejemplares de Ernesto Gutiérrez con comportamiento totalmente diferente, pues el primero fue indultado y el segundo fue un manso difícil de torear.

El torero de Ubaté, Manuel Libardo, toreó con el corazón … Qué bien estuvo, toreó despacito y con tanto gusto, a un toro noble y con poco picante; sin embargo fue esa nobleza que empalaga. Definitivamente Libardo estuvo tan bien que fue una pena que por la espada perdiera las orejas, y todo se quedara en un saludo desde el tercio.

Con el cuarto de la tarde a pesar que el toro fue aún más tardo y sin recorrido, Manuel Libardo, toreó con temple, calidad y pureza. La faena en redondo emocionó tanto a Manizales que corearon cada derechazo y cada natural; mató perfectamente y se le otorgó una oreja, que por petición del público hubiesen podido ser dos.

El español Iván Fandiño pechó con un lote completamente complicado por su falta de raza y poder. Ninguna de sus faenas tuvo emoción, fueron tan insípidas como la actitud de los dos toros y la verdad a él tampoco se le vio mucho empeño por complacer; podemos decir que hizo lo justamente necesario pero que no es el Fandiño de siempre.

Pablo Hermoso de Mendoza estuvo inmenso y sobredimensionado en su toreo con el primero de su lote, que correspondía a la ganadería de Ernesto Gutierrez… Fue grandioso Villancico, un toro muy bravo, encastado y que nunca paró de embestir al caballo. Mendoza fue uno sólo con sus cabalgaduras, toreó como nunca lo había hecho en Colombia, templó, cambió de terrenos; sus caballos fueron muletas limpias y planchadas.

El público pidió con fuerza que el toro fuese indultado y con rapidez el presidente lo otorgó, es verdad que el toro fue muy bueno, bravísimo y poderoso; pero un indulto en rejones podría no ser tan ortodoxo porque el toro nunca humilla y no se puede evaluar su pelea en varas. Al final Pablo cortó las dos orejas simbólicas y abrió la segunda puerta grande de la feria.

Con el sexto pasó muy poco porque el toro fue un manso, bronco y sin casta. De Mendoza intentó torearle pero fue algo inútil, las suertes se vieron deslucidas y remató de mala manera al fallar en cuatro oportunidades con el rejón de muerte. Palmas.