Entretenida corrida en Marruecos


por Carolina Baquero

Con tres cuartos de entrada se llevó a cabo la última corrida de la temporada colombiana, en la plaza de toros de Marruecos, la cual está ubicada entre los municipios de Madrid y Subachoque en Cundinamarca; muy cerca de Bogotá. Paco Perlaza cortó tres orejas y aunque sin orejas Juan del Álamo sobresalió.

Se lidió un encierro de la ganadería de Modoñedo, de excelente ñresentación y buen juego en términos generales, excepto los lidiados en tercer y cuarto lugar, que fueron los menos encastados. Fue una corrida seria y exigente.

En primer lugar le correspondió a Paco Perlaza un toro que de salida presentó defectos en su andar, un comportamiento que daba la impresión de no ser apto para torear, el público y el torero pedían cambio del toro pero la presidencia no lo otorgó; una falla porque el toro por momentos parecía tener daños en el sistema nervioso. Pero ya que no se dio el cambio, Paco se olvidó de esa situación y se planteó torear como si por delante tuviera un toro sin limitaciones y consiguió hacer una faena de entrega, probando los dos pitones ( más potable el derecho).

El toro en medio del comportamiento incierto tuvo movilidad y una gran nobleza, se vino a menos su emoción al final de la faena en parte porque quizás fue muy larga la pelea que tuvo que dar en el ruedo, sin estar al 100% de sus condiciones neurológicas. Paco estuvo en su estilo luchador pero no gustó entre algunos sectores de la plaza que le gritaban toro y que diferían con el presidente que le otorgó una oreja después de una estocada fulminante.

Brindis a Pacheco por parte de Perlaza, y allí en el centro del redondel se dieron las primeras tandas de derechazos a un toro bravo, encastado, con movildiad y con picante del bueno; el no se arrancaba a largas distancias y tenía su mayor virtud por el derecho, ya que por el pitón contrario levantaba la cabeza y trataba de colarse. Paco no desaprovechó la bravura del toro pero a medida que avanzaba la faena se fue descomponiendo y perdiendo la elegancia, aumentó la velocidad de la faena y le perdía pasos al toro; sí es muy cierto que las tandas fueron ligadas y en su mayoría con temple, pero con suavidad se hubiese visto mejor.

La afición de la plaza de toros de Marruecos sacó los pañuelos para pedir el indulto del número 235 de nombre Tocayito y con 482 Kilos de peso, mientras Paco seguía toreandolo en el centro del ruedo; no se cansaba de embestir y sin siquiera abrir el hocico… Y como regalo a la fiesta brava se le perdonó la muerte al de Mondoñedo. Algunos sectores toristas de la plaza gritaron “mala presidencia”, al parecer en desacuerdo por las dos orejas otorgadas al caleño.

A Rivera no le importa la afición, así lo dijo de manera irreverente en una entrevista al diario El Espectador, y lo demostró en el inicio con la capa, pues tras pegar un lance soltó intencionalmente el capote y se fue de la cara del toro… Se quitó las zapatillas sin razón y tomó la muleta para dar los primeros pases.

El toro castaño embestía a media altura, pero era encastado y con picante; no se puede negar que alargó el brazo y trazó muletazos de muy buena factura y calidad. El ejemplar se fue quedando corto de recorrido a pesar que el matador vallecaucano lo cuidó con la suavidad de su muleta hasta el final, todo lo dañó Rivera saliendose de la suerte y pinchó, luego se fue en falso produciendo una cortada de muy mal gusto en el lomo del toro; por último un bajonazo de verguenza. Gritos de toro al matador tras aviso, a los que el matador respondió burlandose. Vuelta al toro.

Ricardo Rivera y el picador Hildebrando Nieto, enojaron al público, el primero porque no puso el toro en el caballo sino que al ver que no pudo envió a James Peña a ponerlo y el segundo porque intencionalmente picó el toro pasando las dos líneas concentrícas. El toro fue descastado y sin pase alguno, rajado a tablas y adicional a ello, Rivera le dio el terreno donde se acentuaban más los defectos del toro, querencia.

No hubo faena, el torero no hizo un verdadero intento por lidiarlo y como ni el toro ni el torero transmitían, los aficionados terminaron por aburrirse y algunos hasta disgustarse por el espectáculo tan molesto. Pinchazo hondo en mal sitio y 3/4 de espada en lo alto. Silencio y pitos al toro.

Juan del Álamo desprendió los olés con dos doblones de fotografía al inicio de su faena, ante un toro con poca clase y que llevando la cara a media altura no se entregaba en la muleta del español. La pañosa siempre estuvo en el hocico del toro, evitando que se fuera a las tablas y además tratando que terminara el pase, Del Álamo comprendió la lidia adecuada ante este de Mondoñedo; no podía ser la más estética, pero sí tuvo mucho de técnica.

Y como pasa últimamente muy seguido entre los matadores, falló con la espada, en primer turno pasó en falso creando un hojal en la piel del toro y después media espada en mal sitio; la labor principal de un matador como su nombre lo dice es matar y ver buenas estocada ahora se ha convertido casi en un milagro entre los diestros de hoy en día. Un bajonazo, un intento fallido de descabello y el toro cayó solo.
Algunos pitos tras aviso.

Se cerró la corrida con el torero de Salamanca con una faena de mucho esfuerzo, el toro tenía motor pero embestía bronco y eso no dejaba estar del todo a gusto. Había mayor ligazón por el pitón derecho, por el izquierdo lo hacía a regañadientes o no lo hacía, sin embargo Del Álamo nunca desfalleció y creó una faena con emoción, continuidad y entendimiento al toro; el torero estuvo por encima de las condiciones del toro y convenció al público. Estocada trasera y tendida. Silencio.