Libardo, Picazo y Los Carolinos … Lo mejor en Puentepiedra


por Carolina Baquero

Se llevó a cabo en Puentepiedra un entretenido festival que buscaba darle más festejos taurinos a la afición de Bogotá, que se resiste a que la temporada finalice. El encierro de La Carolina fue de buena presentación, en términos generales fue encastado y con calidad en su comportamiento.

Abrió plaza el rejoneador Willy Rodríguez, quien toreó al buen toro de La Carolina, muy noble y atento a los movimientos de las cabalgaduras, por momentos se quedaba un poquito corto en motor pero su calidad y comportamiento fueron sobresalientes. Rodríguez estuvo serio, aplomado y comprometido con su faena, donde siempre procuró cuidar las condiciones del ejemplar, realmente la falla del rejoneador estuvo en la colocación de las banderillas que quedaron dispares y quizás también debió explotar más al toro, que tenía mucho por dar. Rejón en muy buen sitio, aunque tardó caer. Oreja y palmas al toro.

El segundo de la tarde tuvo un feo comportamiento en sus inicios, buscando el abrigo de las tablas como queriendo huir de los engaños, tardeando y desconcertando a los profesionales. El matador de toros bogotano Pepe Manrique le brindó su ejemplar al ganadero Santiago Uribe Vélez, por su afición y respaldo a la fiesta; desafortunadamente el astado no fue bueno, manseó y no permitió sino una faena de unipase al filo de las tablas que era su terreno de confort.

Pepe comorendió los terrenos y distancias del astado, y los momentos en que logró dar continuidad fue gracias a su técnica e interés porque su compañero de lucha nunca fue su confidente. Pinchó en su primera oportunidad y luego con una espada completa y tendida, pasaportó al ejemplar. Oreja.

Cristóbal Pardo toreó con elegancia y consiguió lucirse con una faena que llevó en redondo a media altura, llevando en cada pase al astado que fue noble, atento, encastado y que se mantuvo en el centro del redondel durante toda la faena, auque al final de la faena se le vieron mermadas sus fuerzas. La faena tuvo muy buen son, técnica y arte, ingredientes que configuraron una actuación exitosa para toro y torero; la cual finalizó con una estocada caída pero fulminante.Dos orejas y palmas al toro.

El diestro Ramsés Ruíz tuvo en turno un toro que por sus hechuras era predecible su comportamiento, era demasiado alto, cuello largo y pitones cortos, siempre llevó la cara arriba, en ocasiones trompicando la muleta del torero bogotano. Ramsés siempre ha toreado con clase y esta no fue la excepxión, sin embargo faltó transmisión y poner ese motor o picante que no tenía el toro, para que se viese más armoniosa e hilada la faena, además que a eso se sumó la mala suerte con la estocada, varios pinchazos saliéndose de la suerte y una estocada desprendida.

Manuel Libardo, torero oriundo de Ubaté, le brindó la lidia y muerte de su ejemplar al Señor Embajador del Perú en Colombia, Néstor Popolizio, quien asisitió al festejo junto a su familia y al Señor Embajador de Mexico en Portugal. La faena fue completa, probó los dos pitones con temple y limpieza en su muleta, sometiendo a un toro con gran motor y casta pero que se revolvía en un palmo de terreno y constantemente se colaba debajo del brazo del torero.

No fue fácil de torearlo y eso hizo más meritoria la configuración de su faena, Manuel toreó en redondo y con ligazón en sus tandas, el público asistente se emocionó y coreó su actuación. Las orejas se le fueron con la espada que lo castigó fuertemente en Puentepiedra, la faena más completa hasta el momento se fue sin trofeos por el acero toledano, sin haber podido matar con la espada tuvo que despacharlo con un descabello efectivo. Silencio tras aviso y palmas al toro.

El español Gabriel Picazo, es un torero de amplia experiencia y dominio de su profesión, así se pudo ver en su actuación ante Disparado, abrió el compás y alargó el brazo en su máxima extensión, bajó la mano e hizo humillar al toro; no hubo queja a la ctuación de Picazo. Con la espada inicialmente un bajonazo fue el resultado, luego una espada en todo lo alto y un descabello. Vuelta que hubiese podido ser una oreja y palmas al toro que tuvo movilidad, prontitud aunque en ocasiones fue incierto; contribuyó a la buena faena.

Martín Campuzano del Ecuador, tenía muchas ganas pero aún le falta mucha experiencia, se equivocó con los terrenos,la colocación y las distancias; el toro de La Carolina era muy serio y acudía a todos los llamados pero las equivocaciones del torero lo convirtieron en un toro caminador. La faena no tuvo orden y en realidad no se vio como tal una faena… Su buena carta fue la espada pues la colocó en muy buen sitio y fue certera. Oreja discutible y palmas al toro.

Cerrando el festival estaba el manizaleño, Santiago Naranjo, que tuvo un gran inicio con el capote por chicuelinas al paso, ovacionadas por el respetable. El toro comenzó claro pero en la faena de muleta se vino a menos y acudía con dificultad, pero Santiago estuvo allí delante de la cara del astado, sacando cada pase con esfuerzo y valor porque el toro trataba en medio de su incertidumbre prenderlo.

La faena aunque fue de pase en pase, se pudo apreciar la lentitud de la muñeca de Santiago y el aguante del torero paisa, sacó agua de un pozo que poco a poco se iba secando. Por encima de las condiciones del toro, estuvo Naranjo, quien mató tras pinchazo y estocada completa.Oreja