Manzanares, Morante y Finito bordaron el toreo.


por Alberto Lopera

Sensacional corrida se vivió esta tarde en las Fallas valencianas.

La tarde fue antológica. De toreo caro, del de categoría. Valencia soñó despierta el arte de tres toreros con personalidad propia que saben hacer el toreo bueno, ese que se cotiza siempre y que perdura en el tiempo. Tarde de las que crean afición, de expectación cumplida, de las que uno sale de la plaza vaciado, toreando al viento y sintiéndose orgulloso de ser aficionado a la Fiesta más bonita del mundo. Manzanares salió a hombros, pero al margen de los trofeos, los tres cautivaron con una sinfonía de tauromaquia que pellizcó al alma.

Lo que de verdad pellizcó la sensibilidad del aficionado fue el toreo de capa de Morante. La plaza enloquecida aclamaba con rotundos olés las verónicas del sevillano, infinitas, encajadas, durmiéndose en el tiempo. A cada cual mejor. La media soltando una mano tuvo magia. Elegancia y parsimonia rezumó un quite de verónicas a pies juntos, llevando al toro largo y toreado. Todo le salía bien a Morante. El quite por chicuelinas tuvo reunión y belleza. La media, recordó aquella eterna de Sevilla del pasado año.

Comenzó esa faena con ayudados por alto de enorme empaque y la plaza volvía a soñar. Todo apuntaba a faena de historia, pero no acabó de redondear. Tampoco importaba. Todo lo que hizo estuvo cargado de detalles, con muletazos de enorme personalidad e inspiración. La estocada fue sencillamente perfecta, en el mismo hoyo de las agujas. Oreja cara.

La plaza volvió a vivir grandes momentos con el toreo majestuoso de Manzanares. El de Alicante realizó una faena exquisita al tercero, un notable toro de Juan Pedro Domecq, de aterciopelada y templada embestida, fijo y noble. Toreo elegante y parsimonioso el del alicantino. Ligó sobre la diestra sin apenas soltar, componiendo la figura con empaque y sabor. Infinito un cambio de mano aclamado por unanimidad. De buena ejecución el toreo al natural. Acabó con el toro de un efectivo estoconazo. Dos orejas. Antes había toreado templado con el capote. En banderillas, se desmonteró Curro Javier, que recibió una gran ovación.

El sexto se rompiño la mano en el inicio de faena y tuvo que abreviar el alicantino. Se truncaron las expectativas de lo que pudo ser y no fue. Antes, había alcanzado cotas muy altas con el capote. La gente se puso en pie para ovacionar de manera enloquecida el recibo con verónicas a pies juntos. Mayestático, repleto de elegancia y sin crispación, intercalando chicuelinas y rematando con una media arrodillado. Le puso fantasía e improvisación llevando al toro al caballo, una larga de pie, el capote alado en las chicuelinas y la tafallera de remate. Excepcional la cuidadosa brega de Curro Javier. Brindó José Mari a sus compañeros de terna.

Finito de Córdoba no quiso quedarse atrás y sacó en Valencia lo mejor de su arte. Se le vio con ganas y muy dispuesto en todo momento.

Le cortó una oreja al cuarto. Faena larga, de menos a más, con una parte en la que fue lidiando al toro, consintiéndolo. Lo metió en el canasto, no sólo al toro sino también al público, que no acababa de meterse en la obra.

Toros de Juan Pedro Domecq, devuelto el 1º por flojo; correctos de presentación; nobles aunque faltos de empuje en general, bajos de raza. Finito de Córdoba: Silencio tras aviso y oreja tras aviso; Morante de la Puebla: Oreja y ovación tras aviso; Manzanares: Dos orejas y palmas. Entrada: Lleno.