Se esperaba más…


por Carolina Baquero
Con farolillos en sus manos, los aficionados de Medellín le dieron la bienvenida a la Virgen de la Macarena, al festival que se celebró en su honor en la capital antioqueña. El festejo no fue lo suficientemente lucido como se esperaba, sin embargo se deben rescatar las presentaciones de El Juli, Fandiño y Talavante.
Se lidiaron siete novillos toros de la ganadería de La Carolina, propiedad de Don Santiago Uribe, de buena aunque desigual presentación. El juego en términos generales fue irregular, algunos descastados y broncos, otros con casta pero sin clase. Destacó el lidiado en tercer lugar que fue premiado con vuelta al ruedo.
El primer turno de la noche fue para el bogotano, Pepe Manrique, quien en los primeros tercios se ausentó momentaneamente de la dirección de lidia, por falta de aire. El novillo toro que le correspondió fue un manso come papel desde el primer tercio, su condición de avanto era muy acentuada e hizo pasar trabajos a los banderilleros por la forma en que cortaba los terrenos.
Pepe supo llevar de buena manera las dificultades del toro y logró la hechura de varias tandas en redondo, eso sí, hechas a una velocidad alta porque el ejemplar nunca le permitió pararse. Más que de gusto fue de sufrimiento para el torero la lidia de este de La Carolina, se esforzó pero nunca se vio el norte de esa relación entre él y el astado. Falló con el estoque, saliéndose de la suerte y muy desprendida. Palmas.
Y llegó el que sabe… Dijeron mis vecinos de palco, y tienen razón porque como El Juli es difícil dos. Brindó al respetable que le contestó con una fuerte ovación el gesto.
El oponente del madrileño, también era manso, un poco menos que su hermano;pero el torero tiene de esas manos capaces de arreglar o hacer ver bien a lo que no funciona. Toreó con las dos manos, mejor fue por la derecha, debido a las condiciones del novillo toro; la lidia en su mayoría fue en el centro del redondel, pasandose al ejemplar muy cerca… La afición se emocionó y respaldó al torero aún después de media estocada tendida y diez descabellos. Saludo desde el tercio tras aviso y palmas al toro.
Fandiño nos hizo augurar una muy buena faena, desde su saludo con el capote por chicuelinas y tafayeras… Y claro es augurio fue realidad en las manos de Fandiño, quien supo aprovechar las virtudes de encastado del toro de La Carolina, que lo que si no tuvo en abundancia fue clase. Esta faena si fue clara, ordenada, con gusto y con toques de mucho arte; los pases fueron con el brazo largo y casi todos guiando al toro hasta el final de la cadera. Mató con un estoconazo y el toro se fue sin puntilla. Dos orejas y vuelta al ruedo al ruedo al toro, que por desorden y falta de alguacilillo, los areneros entraron al toro sin darle la vuelta y tras unos segundos tuvieron que sacar de nuevo al astado a darle la vuelta.
No se puede tener una plaza de toros de primera categoría sin alguacilillos, quienes por tradición y reglamento son quienes imponen el orden en el ruedo y el callejón.
Cuarto de la noche y Talavante hizo que el público paisa, se convirtiese en su fiel seguidor, todo gracias a su actuación desde la capa hasta la muleta… Se sentía como en casa este español que ejecutó una faena de plasticidad y serenidad, pases muy pintureros a un buen novillo toro, encastado, noble y con clase. Hubo feeling como diríamos las nuevas generaciones, entre Peliador y Talavante; cada uno iba al ritmo que el otro le permitiera. Remató muy mal Talavante con una estocada trasera y tendida. Oreja injustificada tras aviso y con un tercio de muerte muy mal ejecutado; palmas al toro.
Sebastián Ritter nacido aquí en la ciudad de la eterna primavera tuvo buenos momentos durante su presentación, ganas tenía pero su novillo no le permitía transmitir como hubiese querido. El soso ejemplar se iba quedando pegado en la muleta de Ritter y obligaba al torero paisa a perder pasos para dar inicio a un siguiente pase; pases que por cierto tuvieron calidad. La faena se alargó demasiado y no pudo finalizar bien con el estoque, del cual sólo pudo dejar medio en las carnes del novillo. Saludo desde el tercio.
Cerraba el toreo de a pie, Luis Miguel Castrillón quien no tuvo a los santos de su lado y a la afición tampoco. El de Medellín insistió y se mantuvo delante de la cara del toro en todo el centro del redondel, pero el bronco y desangelado toro lo contagió; no hubo transmisión en la faena. Falló con la espada en varias oportunidades. División de opiniones tras aviso.
Pablo Hermoso de Mendoza no es el mismo Pablo de hace unos años y no lo digo por la edad, porque aún es jóven, lo digo porque la calidad de su toreo ha mermado; el temple y la limpieza se han visto reducidas, aunque sigue trasmitiendo lo hace dejando golpear de forma continua sus cabalgaduras. Específicamente esta faena fue alegre y de buena colocación de banderillas, pero como lo decía anteriormente la escencia del toreo a caballo puro, se ha desvirtuado. El toro fue bueno, se repetía y tuvo casta; qué lástima que no lo pudimos disfrutar a fondo. Dos pinchazos y bajonazo. Palmas.