Alejandro Talavante salvó la tediosa tarde


por Alberto Lopera

f440x210-15401_28619_89Comenzaron a llegar las figuras a San Isidro, y con ellas, las corridas blandas y descastadas como la de ayer del Ventorrillo, con encaste Domecq. Un toro, solo un toro sirvió, y le tocó a Talavante quien le cortó la única oreja de la tediosa corrida donde el calor fué agobiante toda la tarde.

Alejandro Talavante dio una notable dimensión con el tercero, un toro que si bien tuvo clase y fue manejable le faltó raza. El extremeño lo entendió perfecto desde los lances relajados a pies juntos de salida hasta la estocada final. Entre medias, Talavante adminsitró lo que tuvo el toro en una labor con una primera parte sobre la mano izquierda reunida, templada y despaciosa. Todo fluyó con naturalidad, toreando con los vuelos, sin engacharle nunca la muleta. Le cogió la altura y el ritmo enseguida. Sobre la diestra hubo temple encaje. Clarividencia y fescura de Talavante. Oreja.

El sexto fue un toro de deslucidísima condición, imposible que permitiera a Talavante redondear su actuación. El de El Ventorrillo no descolgó ni una sola vez y el extremeño, resignado, se limitó a despacharlo siendo silenciado.

Abrió plaza un toro desrazado, sin entrega y con la cara alta. Muy bajo de raza, tampoco le sobraron las fuerzas. Faena intrascendente de Juan José Padilla, que firmó los momentos más destacados en el segundo tercio con dos pares de poder a poder y un tercero al violín.

El cuarto se movió con nobleza pero se vino pronto abajo. Padilla, entregado en los primeros tercios -dio largas cambiadas, galleó por chicuelinas, clavó tres pares de banderillas con oficio…-, inició su faena de muleta de rodillas en los medios. Labor muy dispuesta y profesional pero sin excesivo brillo, respetada en todo momento por Madrid. Mató de una estocada y fue silenciado.

El segundo fue otro animal deslucido, sin alma, parado y que no dio ninguna opción a Manuel Jesús “El Cid” que realizó una labor plana y sin historia en la que se puso sobre ambas manos pero el lucimiento fue imposible.

El quinto fue un toro deslucido, sin clase, que punteó el engaño y llevó la cara alta. Faena sin brillo de El Cid, que puso tesón y mató de estocada, siendo silenciado.

Madrid, miércoles 13 de mayo de 2015. Toros de El Ventorrillo. Bien presentados, abiertos de líneas y en general deslucidos, sin clase y de muy escaso fondo. El de mejor condición fue el 3º, aunque duró muy poco. Juan José Padilla, silencio en su lote; El Cid, silencio y silencio; Alejandro Talavante, oreja y silencio. Entrada: Casi lleno. Se desmonteró tras banderillear al tercero Juan José Trujillo.