Apoteosis de Enrique Ponce y Manzanares en el Puerto


por Alberto Lopera

puertohombros“Quien no ha visto toros en El Puerto, no sabe lo que es una corrida de toros” frase de Joselito El Gallo en 1917. Hoy 2 de agosto del 2015 – 98 años después – la famosa frase de Joselito se reafirmó con el apoteósico triunfo de Enrique Ponce y José M. Manzanares quienes fueron sacados a hombros al final de la corrida.

La faena de Enrique Ponce al primero estuvo condicionada por el molesto viento y por la mansedumbre del juampedro que apenas duró un suspiro, se rajó y buscó las tablas. En esos terrenos lo intentó el de Chiva que no tuvo opciones de lucimiento. Le cortó las dos orejas al cuarto, un toro noble que permitió al valenciano cuajar una faena marca de la casa. Toda ella instrumentada en los medios, la labor del torero de Chiva estuvo presidida por el relajo, la elegancia, el sabor…todo ello impregnado de un enorme temple y firmeza. Labor importante en la que exprimió al toro. Hubo seguridad y conocimiento. Mató de una estocada hasta la empuñadura coronando una actuación que brindó al maestro Paco Ojeda.

Lo mejor de la actuación de Morante de la Puebla en su primer turno fue un ramillete de verónicas muy bellas de salida rematadas de una gran media que provocaron las palmas por bulerías del respetable. Se apagó el toro y no se confió el sevillano en una faena de aliño frente a un animal desfondado. Volvió a entusiasmar Morante con el capote frente al quinto, verónicas de ensueño con el embrujo clásico del torero de La Puebla y un quite extraordinario por chicuelinas. Dejó bellos apuntes en el toreo por alto de inicio y se llevó a los medios al toro. Una serie sobre la diestra resultó ser un espejismo frente a un toro reacio a embestir.

José María Manzanares saludó una ovación tras pasaportar al tercero, un toro noble y manejable pero justo de raza. Por encima de las condiciones de su oponente el alicantino que instrumentó una labor pulcra y limpia pero de poco eco en los tendidos. Mató de una estocada tras pinchazo. Alboroto se llamaba el sexto y precisamente eso fue lo que le formó Manzanares al gran toro de Juan Pedro Domecq. Tuvo nobleza, prontitud y calidad en sus embestidas y el alicantino lo citó en la larga distancia para hilvanar series ligadas, templadas y relajadas. Mató de una gran estocada en la suerte de recibir y paseó las dos orejas.

El Puerto de Santa María, domingo 2 de agosto de 2015. Toros de Juan Pedro Domecq, correctos de presentación, desiguales de hechuras y de variado juego. El sexto, bueno, el mejor del encierro. Enrique Ponce, ovación con saludos y dos orejas; Morante de la Puebla, silencio y división de opiniones; José María Manzanares, ovación con saludos y dos orejas tras aviso. Entrada: Más de tres cuartos de plaza. Saludaron en el sexto en banderillas Rafael Rosa y Luis Blázquez.