JUAN DE CASTILLA entrevistado por mundotoro


por Alberto Lopera

Una interesantísima entrevista con el novillero colombiano JUAN DE CASTILLA triunfador el domingo anterior en la plaza de Madrid ha publicado hoy el portal MUNDOTORO, concedida a la gran periodista Maribel Pérez . Por su interés la reproducimos en su totalidad:

juandecastilla511“Como grabado a fuego, escrito en su nombre artístico lleva el homenaje al humilde barrio que le vio nacer. Pobreza de la Comuna de Castilla de ayer, que se torna en un valioso aldabonazo en Las Ventas hoy. De las empinadas calles de uno de los barrios proletarios más humildes de Medellín, -o de la miseria de la nada-, a erigirse en uno de los novilleros con más ambiente del momento. De cero a cien al acariciar el cielo de Madrid con una oreja y una vuelta al ruedo. Y eso que no tuvo el lote más idóneo. Y de que el capricho cerril de un rácano ussía -que desoyó al público al modo de un sátiro Emperador romano- le cerró de un portazo una Puerta Grande de ley. No importa. Más cornadas da el hambre. Bien lo sabe un joven que lo dejó todo en Colombia en busca de un sueño y que hasta hubo de subsistir de Cáritas cuando no había nada más que no fuera su propio ansía de querer ser torero. Esta es la historia de Juan De Castilla. Desde el día en que abandonó aquella humilde ciudadela del Departamento de Antioquia, en donde se crió en el seno de una familia obrera -su padre Arbey es oficial de albañil, y su madre Leila, antes madre comunitaria, ahora ama de casa- ya ‘tenía las cosas muy claras’. Y desde entonces, su ‘preparación se basó siempre en Madrid, pensando en esa plaza, en cada entrenamiento, en cada vaca en el campo, porque mi ilusión era triunfar allí’. Fue acompañando a su padre en sus labores como se le despertó una pasión dormida que llevaba dentro en forma de veneno que ya nunca le abandonaría: ‘A mi padre lo contrataron en la finca de una tía suya para que hiciera el palco de la plaza de tientas. Me llevó para ver un tentadero y me quedé maravillado y loco, y a partir de ahí yo repetía una y otra vez ¡Yo quiero ser torero!, yo me siento capacitado para hacer eso: torear. Y mi padre me escuchó y me dijo: ‘Yo voy a apoyarte y estaré contigo siempre’, y así fue como me enfoqué a ser torero y empezamos a luchar todos juntos’. Ese espíritu de unidad envolvió en todo momento a una familia que supo capear los avatares de la pobreza a base de la fuerza del trabajo de sus propias manos en un barrio de clase obrera salpicado hace años por la violencia y la peligrosidad de clanes rivales: ‘Somos una familia humilde pero con valores y principios y si tenemos que salir todos adelante, salimos y nadie se queda atrás. Pero mi barrio es muy bueno, sí que es verdad que hay gente humilde, obrera, y trabajadora. Gente que sale día a día de sus casas a ganarse su comida. Pero la situación ahora ha cambiado muchísimo. Ahora es una ciudad muy tranquila, educada, organizada y calmada. Ya no es como en los 80 o 90,’ dice Juan Pablo Correa, que así es su nombre de pila. Así fue como entró en la Escuela Taurina de Antioquia y luego conoció a su maestro Jose Fernando Alzate, al que califica como ‘la persona más importante de mi carrera. El se vino acá a España abandonando a su familia a luchar y a pasar fatigas conmigo. Me ayudó mucho y me sigue ayudando y aparte de mi maestro, es mi amigo incondicional’, cuenta el espada. Sin posibles ni recursos, esa llegada a nuestro país no hubiera sido posible sin la ayuda en forma de beca que desinteresadamente le ofreció su paisano colombiano, el artista Fernando Botero: ‘Era impensable. Nosotros no teníamos los medios economicos para venir. Pero mi maestro le escribió una carta a Botero a ver si nos ayubada. Y le contestó que sí, a condición de que nos viniéramos los dos a España a hacernos toreros. Viajamos desde Colombia y llegué a la Escuela de Espartinas y de allí, a la Escuela Taurina de Sevilla. Nos vinimos a España y el maestro Botero nos ayudó con una beca con todos los gastos pagados por un año. Estamos infinitamente agradecidos por tenderme esa mano, me ayudó sin conocerme apenas, solo por referencias y que una persona confíe en ti así, es muy bonito.’ Pero acabó la beca, y sin ella, no había plata. Sin dinero, el hambre de Juan De Castilla por ser torero se vio obligado a recurrir a Cáritas en La Puebla Del Río: ‘Lo que no te mata te hace más fuerte’, dice Juan-. ‘Es un tema que me ha tocado vivir. Y me siento orgulloso de haber pasado por ahí. Lo he asumido y he salido adelante. Esa fundación me ayudó en su momento y me echó una mano y sí, pasamos cosas muy difíciles porque era complicado salir adelante’ Pero ‘por fortuna’, otra ayuda providencial llegó de la mano de Iván Fandiño: ‘Gracias a el maestro entré en el CITAR. Él me trajo a Fuentelencina (Guadalajara) y me dijo: ‘Vente para España, que hay un lugar muy bueno para que estés tranquilo y entrenando, el CITAR, un Centro de Alto Rendimiento para Toreros’ y gracias a la recomendación de él y de su apoderado Néstor García, me vine a vivir a este lugar especial para formar toreros que me tiene maravillado’.

Por eso, desde el mismo momento en que se aventuró en el difícil camino de ser figura del toreo, siempre imaginó que podría impactar de una forma tan contundente como lo hizo este domingo en Las Ventas: ‘Una parte de mí, la del guerrero y de la raza, me decía que veníamos a Madrid y que tenía que pasar algo por lo civil o por lo criminal; algo importante o por las buenas o por las malas, y aunque venía preparado para todo, incluido que no pasara nada, o que fuera una tarde normal; el domingo venía con la actitud de decir sea como sea, tiene que ser. Y cuando ya corté la oreja y di la vuelta al ruedo, uno se queda tranquilo y contento y aunque pude salir por la puerta grande y por algunos motivos no se dio, pero lo que hice, ahí quedó. La gente se quedó esperando porque estuve a punto de abrir la puerta grande y no pasó. Espero que la próxima vez que vuelva a Madrid la gente me este esperando con ganas y aprovechar esa energía de la gente y ese tirón de la mejor manera. Lo que importa es que la gente se haya quedado con ese sabor’. Esa espina es la que lleva clavada, porque el único pañuelo que faltó en asomar en la plaza fue el del presidente. No se hurtó sólo una Puerta Grande, sino otras puertas abiertas a Ferias para un novillero con proyección: ‘Soy consciente de lo que pasó. El espadazo al segundo novillo cayó muy delantero. Pero también soy consciente de que la gente pidió la oreja con muchísima fuerza. Si el presidente no la dio, la habrá negado por su criterio y yo se lo respeto totalmente, para eso está ahí, porque es el juez de plaza y él que decide si se da o no. Si el tomó la decisión de que no merecía la puerta grande, pues en su criterio está y en su conciencia. A mí me hubiera servido de muchísimo una puerta grande en Madrid, impresionante, habría sido algo muy bonito en mi carrera y me hubiera impulsado mucho más, pero si el tomó esa decisión yo la respeto y si lo hizo, su motivo tendría. La gente estaba pidiendo la oreja, estaba emocionada y se sentía bien, pero así pasó y así lo tenemos que asumir todos’. Las crónicas coinciden en que con un lote malo, a base de ajuste en los embroques y pureza en su colocación, se demostró que con la verdad Madrid se entrega. Pero ¿cómo vivió la tarde el protagonista? ‘Desde que estaba en el patio de cuadrillas empecé a disfrutar de cada momento, del paseíllo, del callejón, de la comodidad de la plaza. Pero cuando empezaron a salir los novillos y eran complicados, no me afectó, porque estaba toreando para Madrid y estaba haciendo las cosas desde mi sentido más verdadero, estaba haciendo las cosas con mucho corazón, con mucha pasión, y quería que la gente me viera muy metido, enfocado, mentalizado y entregado. Pero fue una tarde muy bonita, disfruté muchísimo y salí dispuesto a que la actitud sea innegociable y que siempre me vean muy preparado mentalizado y me vean disfrutar siempre.’ Este triunfo es un poderoso comienzo. El Zapato de Oro de Arnedo le espera en los próximos días: ‘Es una temporada muy pensada, para ir muy despacio, con claridad y rotundidad, cada vez que damos un paso. La intención cada tarde es que la gente se quede con mi nombre, dar un golpe fuerte en la mesa para decir que soy novillero y que quiero subirme al carro de las figuras y subirme a ese tren. Eso es lo que quiero hacer’. –