Juan de Castilla responde, sus toros no…


por Carolina Baquero

La novillada de hoy en Madrid, era una de las más esperadas de la temporada; se lidiaban novillos toros de La Ventana  del Puerto y habían tres nombres de tres novilleros líderes en el carte: Alejandro Marcos, Joaquín Galdós y Luis David Adame, este último fue sustituido por el colombiano Juan de Castilla, ante el percance sufrido hace ocho días por el mexicano. Pese a la expectativa fue una tarde sosa, aburrida y con cero apéndices cortados.

Alejandro Marcos sufrió una fortísima voltereta en el primer toro de la tarde, cuando ya estaba preparando el tercio final; este accidente lo dejó unos minutos sin sentido, cuando volvió en sí, no quiso ir a la enfermería sino terminar su faena. Una faena que inició con la mano derecha, pero por allí el toro presentaba más dificultades, así que con habilidad el novillero cambió a la mano izquierda para aprovechar la embestida del novillo; sin embargo este se fue cada vez más a menos, no tenía clase y doblaba sus manos constantemente. Hubo petición de oreja, pero no fue concedida.

El cuarto de la tarde no tuvo buen comportamiento en el caballo y le costó quedarse en los vuelos del capote del novillero Alejandro Marcos, quien salió al ruedo tras la revisión que le realizaron en la enfermería por su voltereta de inicios de tarde. Hubo voluntad en la muleta de Marcos, pero no la suficiente emoción… el novillo no conectaba y le faltaba calidad; y a su vez el novillero no supo encontrar la lidia adecuada.

Perú tiene otro crédito en tierras españolas, el joven Joaquín Galdós, a quien infortunadamente le correspondió un primer toro con muy poca transmisión, tuvo que ser cuidado para poder llegar hasta el final de la faena. El peruano jamás lo forzó y lo toreó largo, evitando que él perdiera sus manos ante la escasa fuerza. La estocada fue caída en su colocación.

Definitivamente el segundo del lote del suramericano Joaquín Galdós, fue un toro manso que quiso desde el inicio de la faena con muleta, buscar las tablas; sólo que los doblones del novillero lo obligaron a ir hacia los medios. Trató el torero taparle la cara y manejar distancias cortas, pero el novillo no respondió a esto y empezó a recular; el lucimiento era imposible y tuvo que entrar a matar, allí se le fue muy baja la mano.

El crédito nacional, Juan de Castilla pisó Madrid con un terno azul celeste y oro; brindó a la afición previamente a inciar la faena de su primer novillo y definitivamente los madrileños supieron responder, pues estuvieron siempre conectados con la faena del antioqueño. El novillo necesitaba ser sometido y exactamente eso hizo Juan, quien inició la faena por doblones desde el hilo de las tablas hasta el centro del redondel, logró ligar la mayoría de sus tandas, le habló fuerte y aprovechó la transmisión con la que pasaba este utrero. Falló con la espada y escuchó un aviso.

Lo que le correspondió a Juan de Castilla en segundo lugar fue un toro en toda la extensión de la palabra, pesaba 526 kilos, tenía cara y también bastante caja; desde su salida huyó de los engaños y se anunciaba que iba a tener un comportamiento similar al de sus hermanos. Los tendidos esta vez no estuvieron tan conectados con la faena del paisa, él estuvo por encima de las condiciones del ejemplar que andaba rebrincado, pero también cometió el error de alargar una faena con un astado que no lo ameritaba; esto trajo mayor aburrimiento para los espectadores.

Primó la voluntad de Juan de Castilla que finalizó su faena con unas bernadinas que agradaron, pero al finalizar su faena le pasó lo que extrañamente ya le había sucedido en el primero, falló con la espada; y digo extrañamente porque en su compromiso del lunes había destacado por matar de forma excepcional a los cuatro toros de aquella tarde.

El portal español Burladero.es nos comparte su reseña oficial:

Plaza de toros de Las Ventas.- Madrid. 18º festejo de la feria de San Isidro. Seis utreros de la Ventana del Puerto, bien presentados y siendo el mejor el tercero, ovacionado en el arrastre, para los novilleros Alejandro Marcos, Joaquín Galdós y Juan de Castilla.

Alejandro Marcos, vuelta al ruedo tras aviso y silencio tras aviso

Joaquín Galdós, silencio y silencio

Juan de Castilla, silencio tras aviso y silencio tras aviso