Rotundo el valiente Mora


por Carolina Baquero

El gran David Mora regresaba con lágrimas de felicidad a Madrid tras su última actuación de hace dos años, donde recibió aquella cornada que le retiró por meses del toreo; hoy lo vimos pasar en la misma plaza, del dolor al gozo… Torero, torero, torero, se escuchó al salir por la puerta grande.

Nuevamente se tuvieron que lamentar los asistentes, de tener un encierro de la ganadería del Alcurrucén, que en su mayoría no brindó un buen juego y puso en aprietos a los actuantes de la corrida. Sólo Malagueño que salió en segundo lugar y que le correspondió a David Mora, un gran toro que fue ovacionado en el arrastre.

No abrió bien la tarde Diego Urdiales, porque aunque el toro no era un dechado de virtudes, transmitía y hubiese podido brindar emoción; sin embargo el torero no logró acoplarse a su tipo de embestida y aunque con habilidad evitó que se fuera hacia los adentros, la faena fue demasiado intermitente.. No aprovechó la fijeza del astado. Falló con la espada y su labor fue silenciada.

El cuarto de la tarde, que le correspondía a Diego Urdiales, fue manso desde el caballo; huyó del castigo, cortó los terrenos a los banderilleros, se salió de la muleta y estuvo conectado todo el tiempo con su querencia. Faena no hubo, un pase aquí y otro allá, doblones tratando de dominarlos; pero fue un caso perdido, incluso a la hora de entrar a matar donde se le dificultó mucho al matador, quien se salió completamente de la suerte para ese último tercio.

Un triunfo rotundo de David Mora en el segundo del festejo, al que le cortó las dos orejas, tras la petición fuerte de los asistentes al festejo. La emotividad inició desde el brindis al Doctor Máximo García Padrós, el médico encargado de sanar y salvar a los toreros que resultan heridos en Madrid; un héroe de capa blanca.

El español se fue con su muleta hasta el centro del redondel para recibir al toro con un cambiado por la espalda, pero en su encuentro con el animal recibió una voltereta que lo hizo caer de manera espelusnante; gracias a Dios sin consecuencias graves de momento. El toro fue bravo, con motor y calidad; cualidades que supo aprovechar el diestro de Borox, con la muleta en las dos manos, acariciandole más por el izquierdo que era su pitón más potable; hubo tanta calidad allí que los aficionados no se pudieron contener y se pusieron en pie para corear Olé y disfrutar de la gran faena. Estocada perfecta y dos orejas a su chaquetilla, elevó su mirada al cielo y dijo: “Gracias Dios, eres muy grande”.

Infortunadamente para Mora, la historia con el segundo de su lote cambió totalmente, pues salió en turno un toro desrazado, bravucon, con la cara siempre arriba y la falta de clase a flor de piel. No pudo hacer mucho el torero tras haber brindado al Nobel de literatura, Mario Vargas Llosa, quien se encontraba en una de las barreras de Las Ventas del Espíritu Santo. La faena estuvo fundamentada en la media altura y con la mano derecha, fue rápida la actuación y se fue a matarlo pronto.

 

Andrés Roca Rey tuvo un primer oponente sin clase, que terminaba siempre sus embestidas con las manos arriba y que se tornó pegajozo. El peruano brindó al público la lidia y muerte de este ejemplar al cual le ejecutó una faena técnica, bajando la mano para lograr someter al toro; pero ni fue fácil… mejor dicho fue imposible ahormarle la embestida. Se fue Roca Rey sin poderse lucir, pero no sin los aplausos y comprensión de una afición que entendió a la perfección su labor. Entró a matar volcandose sobre el morrillo y salió golpeado, e incluso con el chaleco roto por el pitón del toro.

El sexto último de la tarde noche a su salida y tras algunos lances con el capote, se abrió totalmente de los cuatro remos y reflejó una posible lesión en sus extremidades; sin embargo acudió al caballo, no con mucho celo, pero sí se puedo comprobar allí que no tenía lesión medular.

Hubo brindis de peruano a peruano, Roca Rey a su compatriota, Mario Vargas Llosa. Su actuación con la pañosa no pudo ser muy ligada por la falta de acometividad del astado, pero allí estuvo Andrés, firme, valiente, tranquilo, decidido, honesto y respetuoso, ante un público que en ciertos sectores de los tendidos, le exigen como a una figura del toreo y que hoy fueron algo duros con él. El suramericano no se rajó y logró estructurar una faena que aunque no pudo ser para triunfar, sí para demostrar que tiene el carnet; entró a matar como siempre, con verdad, sin salirse de la suerte  y dejando la espada en una colocación muy buena… Al final tras la estocada, Madrid se pusó más de su lado y lo demostró con sus palmas.

La reseña oficial del portal Mundotoro:

Plaza de toros de Las Ventas. Decimonovena de San Isidro. Casi lleno. Toros de Alcurrucén, el segundo ‘Malagueño’ fue premiado con la vuelta al ruedo en el arrastre. Diego Urdiales, silencio tras aviso y silencio; David Mora, dos orejas y silencio; y Roca Rey, ovación y ovación tras aviso.

 

 

 

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