Madrid con toreros pero sin toros


por Carolina Baquero

Más de 22.000 personas asistieron hoy al coso venteño para presenciar un cartel de postín, de aquellos en los que uno no contempla una mala tarde; pero como los toros son como los melones, nadie sabe que llevan por dentro, pues no se podía preveer que el encierro iba ser el culpable del aburrimiento y enojo del respetable.

Julián López “El Juli” abrió el cartel de una tarde con gran ambiente. El madrileño no tuvo suerte con su lote, en especial con el primero que le afaltaba ese picante necesario para conectar, era desrazado y aunque el torero tiene demasiada sabiduría para cualquier tipo de toro,ma este le hizo una faena rápida y lo pasaportó finalmente con un buen descabello.

Al cuarto de la tarde Juli, le hizo una gran faena a un ejemplar que en sus inicios iba suelto y trataba de ver las tablas; pero en frente tenía a todo un maestro, que lo hizo ver mejor de lo que era; lo entendió perfectamente y encontró la lidia adecuada, incluso se le vio a gusto porque logró que el animal fuera a más y terminaran compenetrandose en cada muletazo… Aquellos muletazos profundos, con el compás abierto y los brazos alargados hacía abajo. Pinchazo en lo alto, estocada hasta la empuñadura y descabello; todo fue valorado al máximo por la afición que lo hizo salir al tercio para ovacionarlo.

Miguel Ángel Perera se le vio muy desanimado cuando terminó la lidia del segundo de la tarde, porque no le permitió ejecutar el toreo al que nos tiene acostumbrados, por el contrario más bien tuvo que hacer una faena de honestidad frente al público de Madrid; creo que sino hubiese sido por eso, lo habría despachado tras unos pocos pases.  

Poco o nada de emoción en la faena al quinto del festejo, no podría hacer más Perera ante un toro que siempre llevó la cara arriba, trompicaba la muleta, su andar era soso y aunque era atento, le costaba pasar a través de la pañosa. Miguel Ángel Perera supo aprovechar hasta donde más pudo la nobleza del toro, dejando muy pocos centímetros entre los pitones y su traje de torear; sin embargo como que el astado ni se daba cuenta que el tema era con él, miraba al horizonte y desagradecía la voluntad del torero.

Alberto López Simón fue el primero en sacar en turno un ejemplar algo potable que le permitía estar más o menos a gusto, a pesar de su poca clase en la embestia; pero lo importante es que acudía a la muleta, se repetía y transmitía. La faena de López fue ligada, ordenada, limpia hasta donde se lo permitía el toro y de ritmo alto debido a la velocidad de la embestida del astado, se ejecutó en las líneas concentrícas del redondel; la estocada final fue aparatosa y unido a que la lidia fue de más a menos, el resultado no fue el esperado.

En la báscula el sexto pesó 637 kilos y una cara pequeña, además que salió holisqueando la arena, hecho que disgustó a la afición; fue fuertemente pitado en su salida. Afortunadamente fue descartado después de su encuentro con el caballo y se le dio paso al sobrero de Domingo Hernández.

Sin mucho color también se le fue la faena en su último a Alberto López Simón, quien aunque tuvo voluntad, no logró conectar ni con el toro ni con los tendidos; seguramente porque no logró encontrarse consigo mismo, ni sentirse a gusto con el astado. Se arrimó y cuando ligó quiso decirle a todo el mundo, que quería hacer lo posible por agradar, pero sus esfuerzos fueron infructuosos.

Reseña oficial Mundotoro:

Plaza de toros de Las Ventas. 20ª de la Feria de San Isidro. Lleno. Toros de Vellosino, . El Juli, silencio y ovación; Miguel Ángel Perera, silencio en ambos; López Simón, ovación tras aviso y silencio

 

 

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