¿Qué hizo mal Castella?


por Carolina Baquero

La pregunta que muchos nos hacemos es ¿Qué hizo mal Castella? porque pareciera que hoy Madrid hubiese visto a un Castella al que no quiere, porque no se dio valor suficiente a la faena del quinto de la tarde; es que toreó tan despacio a ese de Victorino y se gustó tanto toreando, pero apenas saludó.

Ese quinto fue  hermoso de lámina, quizás el mejor hecho del festejo, además de noble desde su salida, no decepcionó ni en el caballo ni en las banderillas. Castella siempre lo llevó muy suavecito porque debía conservar la poquita transmisión del astado, pero no por malo sino porque escaseaba la fuerza en su manos… Y el torero lo entendió muy bien, lo probó por los dos pitones e incluso logró que el toro subiera su punto de emoción y pasara con mayor movilidad por la muleta. Al final mató con un estoconazo.

Con el segundo de la tarde, el francés Sebastián Castella, estuvo muy templado; yendo a la velocidad que le pedía el toro, hubo limpieza y logró bajar la cabeza del toro ayudándolo a pasar en cada muletas. Los dos pitones del toro tenían calidad, así que el matador de Beziérs se dio gusto con tandas por las dos manos. Una estocada tras pinchazo.

El director de lidia era Rafaelillo quien abrió la tarde con un toro manso, al que le tuvo que torear de uno en uno, más por la derecha que por la izquierda; lo sacaba de tablas doblándose para someterlo, siempre el torero estuvo muy dispuesto y con carácter delante de la cara del ejemplar, hubo temple y orden en medio del unipase. Pasó algo de apuros con la espada, al tercer intento lo logra.

Cortó al cuarto la única oreja de la tarde, una oreja al valor y  a la conexión con el público que sintió la transmisión y picante del toro; lo que hizo Rafaelillo fue nunca dejar morir esa emoción, torearlo cuántas veces el atado se lo pidió. Pese a todo lo anterior en mi opinión el de Murcia tuvo muchos errores de colocación, debía corregir el cruce constantemente y eso le impedía la ligazón… una oreja que hubiese podido ser vuelta al ruedo.

El tercer alternante que cumplía su tercera comparecencia en esta feria de San Isidro, fue Manuel Escribano, quien no tuvo mucha suerte al no encontrarse consigo mismo ni con los toros. Creo que la afición ya se acostumbró demasiado a que siempre inicie a porta gayola, la rutina no es buena.

Con el primero de su lote pasó susto mientras trataba en dos ocasiones de cerrar el tercio de banderillas sentado en el estribo, la suerte no le salió y se lamentó. El toro fue muy malo y manso, no podía el torero lucirse con un animal reservón y que como signo de su mansedumbre escarbaba en la arena; las tandas eran muy complicadas porque la cabeza del astado siempre iba arriba. Su espada fue defectuosa.

Expuso bastante Escribano con el sexto, sus inicios fueron por alto en el centro del redondel, un gesto de emoción pero que le hizo daño al toro porque reafirmó sus defectos; así le costó después más al torero llevarlo en la muleta, pues le costaba pasar, apenas si llegaba al cuarto en cada tanda. Acortó las distancias para mostrar su valor, pero ni así hubo lucimiento. Media estocada.

Reseña oficial Mundotoro.com :

 

Plaza de Las Ventas. 25ª de la Feria de San Isidro. Lleno en los tendidos. Toros de Adolfo Martín, bien presentados y de juego desigual. Destacó el quinto, de embestida muy lenta; el cuarto, emocionante; y el segundo, bueno hasta que se paró; el primero dejó estar; el tercero, complicado; y el sexto, deslucido.

Rafaelillo, silencio tras aviso y vuelta con petición tras aviso.

Sebastián Castella, división tras aviso y ovación.

Manuel Escribano, silencio y silencio tras aviso.