Cumpleaños colombiano


por Carolina Baquero

gmo.valenciaCañaveralejo hoy cumplió sesenta años, se vistió de gala para recibir a media plaza larga de aficionados que disfrutaron de tres matadores de lujo.

Se lidió un encierro de la ganadería de Las Ventas del Espíritu Santo, de presentación y juego desigual. Algunos presentaron complicaciones y peligro.

La tarde la abrió una sentida ceremonia donde el joven payanés, Guillermo Valencia, recibió su grado como matador de toros. No podía ser mejor su inicio para su carrera al lograr bordar una faena con medida exacta, sin pasarse de tiempo, se lo tomó con calma, templó y ligó a su cómplice. La música sonó en los altos de los tendidos para acompañar el compás del torero que arqueaba su figura. Estocada efectiva. Dos orejas.

El último toro le exigió mucho a Guillermo, pero él no se amilanó, por el contrario sacó madurez de dónde aún no la tiene por qué apenas empieza… ligo varias tandas por los dos pitones. Si hubiese algo que mejorar en este toro es un poco más de quietud, pero definitivamente fue grato verlo torear con gusto y decisión. Palmas.

José María Manzanares tuvo que esperar bastante, al igual que el público para que se lidiara el de verdad porque el primer toro que salió fue devuelto, ante las fuertes protestas del público, frente a la terciada figura del toro.

Con el segundo bis no hubo mucho más que un bello derechazo en unas de sus primeras tandas, por las pocas condiciones del astado. Muy manso era este de Las Ventas, se quedaba corto, quería huir y no tenía profundidad. El matador en su sapiencia supo mostrar al público las condiciones del toro y así torear a penas el tiempo justo para no extenderse innecesariamente. Pinchazo y estocada baja. Saludo desde el tercio.

Un fuerte susto nos hizo pasar el maestro Manzanares quien se llevó una voltereta aparatosa, mientras trataba de arrancarle pases a un manso y peligroso ejemplar. La faena nuevamente fue más de técnica que de arte, porque con una embestida tan áspera nada se podía ver bien. Con la espada sufrió un poco porque aunque la logró sepultar en el segundo intento, pues el toro se amorcilló. Saludo desde el tercio.

Cayetano Rivera Ordóñez empezó por doblones muy toreros, y allí parecía que el toro iba a funcionar, incluso en el capote tuvo un buen comportamiento; pero al probar el pitón izquierdo con la muleta, el toro desahogó su mansedumbre, quería arrollar en todo momento al diestro. La faena fue de uno en uno porque no era posible arriesgar su vida tratando de ligar. Estocada y descabellos.

 

Valentía sacando el pecho y poniendo la pierna por delante para ponerle algo de emoción a una faena de uni pase porque el toro se quedaba corto en cada muletazo, medio recorrido y brusca embestida … el torero tratando de taparle la sosería, con su inteligencia, tratando de encontrarlo en cada viaje. Estocada en buen sitio. Oreja.