Corrida de nueve toros y sin triunfos


por Carolina Baquero

Un buen aforo en los tendidos para ver un gran cartel en Cañaveralejo, lastimosamente no se pudieron obtener los triunfos deseados.

Lo anterior debido a las pocas posibilidades que encontraron los toreros en el encierro. Este estuvo de justa presentación y desigual en su comportamiento. 

Sebastián Castella es definitivamente un torero de Cali, entró a este cartel por sustitución y la taquilla mostró la afición a este torero. Con el capote estuvo muy limpio y ceñido… ya en el último tercio el toro tardeaba, no le hacía sentirse cómodo al francés que tuvo que sacar a flote su autoridad con la muleta para conformar una faena ordenada que fue disminuyendo pases en cada tanda hasta volverse de uno en uno,  bajándole la muleta para corregir ese defecto de trompicar, de levantar la cabeza al final de cada pase y tratando de envolver sus pitones en la taleguilla. Estocada completa un poco trasera pero efectiva inmediatamente. Palmas.

El cuarto fue brindado al respetable por parte del matador Castella, quizás porque quiso el agradar a la afición, más no porque le llenaran las cualidades del toro. Todo lo hizo el diestro de Beziers, como se quedaba de quieto, acortaba distancias, mandaba y templaba para ligar en redondo, y se llenó de recursos para no dejar ir a ese desentendido toro, que cantó la gallina pero para este torero no hay toro difícil. Tres cuartos de espada muy bien puesta. Oreja. 

Luis Miguel Castrillón recibió al toro con dos largas cambiadas de mucha exposición y luego lances por chicuelinas y una media Verónica de rodillas; de muy bonita hechura. La faena fue ordenada, de conexión con el público y de conexión entre tandas, pese a que el ejemplar era tardo, con un pitón izquierdo nulo y que se fue a menos. Castrillón mantuvo la clase, la pausa y la tranquilidad de una madurez que ya lo acompaña. Pesado estuvo lastimosamente con el acero. Palmas. 

Qué bien estuvo Luis Miguel con el capote, recibió con nueve verónicas de rodillas y una larga cambiada sin ponerse en pie. También en la muleta puso rodilla en tierra para una tanda de derechazos, que emocionaron a los tendidos aunque lastimosamente la falta de fuerza en los remos del toro descontinuaron la alegría inicial porque terminó cayéndose al suelo. Lo tuvo que llevar de uno en uno muy suavecito porque el toro acusó una lesión en una de sus extremidades y no quedó más remedio de acortar la faena y tomar el acero. Pinchó y el toro cayó sin poder reincorporarse, el puntillero tuvo que pasaportarlo. Palmas para el torero y bronca para el toro. 

Infortunadamente el primer toro del lote de Roca Rey era manso, bronco e huidizo. Toda la insistencia era del peruano que gracias a sus habilidades no se vio cocido en momentos que el toro se lo quería llevar por delante. Intentó por los dos pitones, suavemente para tratar de volverlo más dócil y aunque le llamaba la atención con el ayudado, nada se podía hacer con este tercero. Estocadón al encuentro cuando el toro se le arrancó con gran violencia. Palmas. 

La pasó mal el peruano Andrés Roca Rey con el segundo de su lote, un toro con malas ideas, que quería atropellar todo lo que se ponía por delante y terminó por irse a la querencia. Estocada completa y desprendida. 

“Se regalaron tres toros…”

Al séptimo Roca Rey se le metió entre los pitones para arrancar pases a otro toro que se quedó parado. 

La historia se repitió en el octavo y noveno.