Tarde de toros mansos y corrida aburrida


por Alberto Lopera
50919_1559850485_DSC_8938_thumb_730Una tarde de toros para el olvido fué ésta tarde en Madrid donde los toros del Puerto de San Lorenzo no mostraron la raza y la bravura de años atrás. Por ello al final los veinte mil aficionados que asistieron salieron con caras alargadas y señales de aburrimiento.

El viento y la mansedumbre de los toros del Puerto de San Lorenzo han dado al traste con la tarde en que Ferrera, Perera y López Simón habían concitado una gran entrada en Las Ventas. El público, ilusionado con la posibilidad de volver a ser testigo del toreo templado y repleto de ritmo y torería del que en su anterior comparecencia se proclamó como triunfador de la Feria, hasta el momento, ha salido esta tarde de la plaza de la Calle de Alcalá bostezando. Porque tampoco el hace unos días triunfante Perera ni López Simón, uno de los toreros favoritos de esta plaza, han encontrado las condiciones adecuadas para revalidar sus triunfos.

Alberto López Simón ha estado a punto de conseguirlo con el único toro bravo del encierro, el tercero, pero un tantarantán que le ha dejado desencuadernado, y su escaso o nulo acierto con la espada, han dejado su tarde reducida a unas palmas compensatorias de puro trámite. A Ferrera el vendaval le ha impedido manejar sus telas con el mimo, la suavidad y el sabor torero que la afición venteña esperaba. Y la reciedumbre y la puesta a punto del de Puebla del Prior tampoco ha tenido material adecuado para expresarse en toda su dimensión.

Tarde aburrida, en fin, en la que el viento y la falta de casta han malogrado una de las corridas más esperadas del ciclo, lo cual no quiere decir que la terna haya fracasado. Simplemente es que no se daban las circunstancias necesarias para el éxito. Lo del clásico vendaval de Las Ventas tiene fácil arreglo, con la decisión de la propiedad de la plaza de invertir algo en un espectáculo que le proporciona tan pìngües beneficios. Pero eso es como pedirle peras al olmo. Corridas como la de hoy son un claro incumplimiento de contrato con quienes pasan por taquilla para ver un espectáculo inexistente. Lo de la casta es de más difícil solución, porque ese es un bien que cuando se pierde resulta una obra de romanos intentar recuperarlo