E. Ponce reaparecerá el 10 de Agosto en El Puerto


por Alberto Lopera

enrique_ponce_hombre_gq_de_la_semana_5983_645x485Definitivamente es la fecha del 10 de agosto para la reaparición en los ruedos de Enrique Ponce después del grave percance sufrido en Valencia el pasado mes de marzo que lesionó su rodilla en forma “catastrófica” según el parte del médico. Será en el Puerto de Santamaría y para elo ha vendido preparándose en forma intensa de acuerdo a las informaciones del semanario APLAUSOS:

Ni un día más ni uno menos. Y muy disciplinada. Así ha sido la rehabilitación de Enrique Ponce, al que una tarde negra de Fallas aquel toro de infausta memoria, Declamador de nombre, no respetó la orden del maestro y en lugar de seguir la muleta lo lanzó al aire para que cayese mal y se tronchase literalmente la rodilla para alarma de propios y extraños. ¡Si cae Ponce, los demás vivimos de milagro! Los doctores le diagnosticaron “rodilla catastrófica”, nada que truncase su ánimo.

Ciento treinta y cuatro días han pasado desde entonces y el maestro Ponce ha vuelto a sentir el respirar hondo de una becerra, ahora sí, siguiendo sus órdenes. Era una prueba clave de la que ha sido testigo Las Provincias. Y diez días restan para que vuelva a enfundarse la taleguilla de seda y oro, será el 10 de agosto en la Plaza Real de El Puerto de Santa María, ya saben, donde Joselito el Gallo dijo aquella frase célebre de Quien no ha visto toros en El Puerto no sabe lo que es una tarde de toros, que quedó esculpida en los tratados de tauromaquia. Así que Ponce, un clásico donde los haya, la señaló como nuevo punto de partida y el toreo tiene los ojos puestos en el milagro. “Me hace una ilusión tremenda”, confiesa en primera instancia.

-Desde el principio nos planteamos no precipitarnos pero aun así hemos ido al límite. Hicimos un croquis de cómo debía de ser la recuperación dentro de los plazos y los hemos respetado. El mes y medio primero sin apoyar la pierna fue el periodo más duro. Estaba muy limitado de todo. No podía moverme, luego empecé a fortalecer el cuádriceps con cuidado para no dañar el ligamento cruzado, que necesita un tiempo de maduración. Y al tercer mes comencé a torear de salón.

-Los cinco meses eran la meta.

-Ese era el tiempo para reaparecer. Es lo que nos marcamos desde el primer momento y aquí estamos. Hemos cumplido los plazos a rajatabla. Eso dice mucho de la buena cirugía a la que me sometió el doctor Villamor y también del paciente, que soy yo. Se trataba no solo de recuperar la parte física sino también la mental. Creo que ha sido una recuperación ejemplar.

-Entiendo que habrás tenido mucho que pensar.

-Hubo un momento en que no podía ni andar y en esa coyuntura, claro que piensas. No sabes si podrás volver a caminar sin secuelas, si podrás volver a torear este año, que era algo que estaba en el ambiente. Yo sentía que muchos dudaban.

¿Tú no?

-Yo no. Solo pensé en volver cuanto antes. Eso me ayudó a no relajarme. En cuanto pude, cogí la muleta. Toreaba de salón sin apoyar la pierna pero tener la muleta en la mano y sentir su peso, seguir transmitiéndole órdenes y sentir que seguía obedeciéndome, me animaba. Había momentos en los que el cuerpo me pedía hacer más pero seguí los consejos del doctor, que me insistía en que aunque yo pensase que ya estaba bien, no lo estaba.

-Empiezo a pensar que uno se recupera como torea, con cabeza.

-Sí, es posible que sea así, sí. En este caso, tú piensas que puedes hacer determinados esfuerzos y seguramente puedes pero no debes. Yo me aguanté esas ganas.

-¿Te ha sorprendido tu disciplina?

-Un poco sí. Me mentalicé para ello y lo logré. Estaba en juego el futuro de mi rodilla y en realidad lo sigue estando.

-Victoriano, tu apoderado y suegro, era partidario de que esperases a la temporada americana, pero en esta ocasión no tuvo éxito.

-Él quería que dejase pasar este año, pero…