Una corrida sin material


por Carolina Baquero
En la primera corrida de Cali, se lidió un encierro de la ganadería de Ernesto Gutierrez, de presentación dispar y juego muy irregular, con comportamiento en general soso; se puede destacar la casta del sexto pero de comportamiento basto.
El maestro Enrique Ponce pechó con un deslucido toro de Ernesto Gutiérrez, sin embargo el diestro supo resolver la situación, llevándolo muy suave y dándole muchos respiros, hablándole bastante para no dejarlo ir porque tenía la tendencia de irse a tablas. Dos tandas bellísimas por la derecha, poniéndolo todo él y sin ayuda alguna de su manso compañero, que embestía templado pero sin chispa y se quedaba mirando al tendido. Estocada desprendida y tendida. Saludo desde el tercio.
Cuando hay sabiduría y maestría es imposible no ver arte, incluso cuando el toro no funciona. Este fue el caso del maestro Ponce con su segundo, que brindó una faena de donosura, hermosura y profundidad, pese a que el ejemplar no quería pasar por la muleta, no había embestida y en manos de él tuvo que pasar para adornar el movimiento perfecto de las muñecas del torero. Sonó la música para adornar las tandas por los dos pitones, y en especial por la derecha con redondos de emoción. Pinchazo hondo y descabello. Oreja. Pitos en el arrastre para el toro
El murciano Paco Ureña, gustó al público de Cali, que por primera vez lo veían. Un astado distraído, soso y pegajoso, que tuvo mayor potabilidad en el pitón izquierdo. La faena con limpieza, calidad y cadencia, pero con muy poca emoción, ni del toro ni del torero, quien se alargó un poco en la actuación buscando mostrar a los aficionados su compromiso con esta plaza. Dificultades pasó el torero con la espada. Silencio.
Muy poco carisma el de Ureña en Colombia, no transmite y claro que el toro no era un dechado de virtudes pero la verdad es que no se le vio mucha habilidad de resolver la papeleta al torero. El toro se rajó, hubo unos cuantos pases y definitivamente nada qué hacer en este toro. Estocada muy baja y varios descabellos. Silencio.
El tricolor nacional estaba sobre Juan de Castilla, a quien le correspondió un toro con bastante emotividad, pero por alguna razón desconocida, la Presidencia cambió el toro. Con el tercero bis de nombre Colibrí, tuvo emoción, algo pegajoso y se le debía perder un paso siempre; y Juan fundamentó en el pitón derecho la faena, sin dejar de probar el izquierdo. La afición conectada con el colombiano, coreando cada pase y haciendo sonar o música. Pinchazo y estocada de muy buena colocación, y descabello perfecto. Palmas al toro en el arrastre. Vuelta al ruedo para el matador.
El matador de toros De Castilla tuvo en turno un toro que quiso imponer su voluntad en el ruedo, saltó las tablas, recorrió el callejón y se llevó en su pitón o zapatilla de Wilson Chaparro “El Piña”, sin graves consecuencias; persiguió a los banderilleros y tenía una embestida totalmente intempestiva, veloz y sin clase, era encastado; pero realmente fue la capacidad y talento de Juan de Castilla lo que sobresalió, qué habilidad, le dio continuidad y emoción para conectar con los tendidos. Faena de calidad. Pedían un indulto que no cabía a lugar. El tercio de la muerte fue complicado porque se perdieron tiempos valiosos en esa petición de indulto y ya era muy difícil matarlo.